La compañía australiana de biotecnología Cortical Labs sorprendió recientemente en el Congreso Mundial de Móviles celebrado en Barcelona al presentar el primer "ordenador biológico programable" del mundo, el CL1. Esta innovadora tecnología combina neuronas humanas cultivadas en laboratorio con la tecnología convencional de computadoras basadas en silicio, abriendo nuevas direcciones para el futuro de la inteligencia artificial.
El núcleo de CL1 es un chip de silicio implantado con neuronas humanas. Este sistema está diseñado para alojar neuronas cerebrales cultivadas en laboratorio en una matriz de electrodos planos, formando una red estable gracias a 59 electrodos, lo que permite a los usuarios controlar de manera precisa la activación de la red neuronal. Todo el sistema se encuentra enclavado dentro de una unidad de soporte vital rectangular y está conectado a un sistema basado en software para operaciones en tiempo real. Este enfoque de "computación viva" puede crear redes neuronales fluidas, siendo más dinámico y eficiente en energía en comparación con los sistemas de IA tradicionales.
Para asegurar la actividad de las neuronas, el CL1 está equipado con un sistema completo de soporte vital, encargado de regular las condiciones ambientales necesarias, como la temperatura y el intercambio de gases.
El fundador y CEO de Cortical Labs, el Dr. Chong Hon-Weng, describe este producto como "wetware-as-a-service" (WaaS), donde los clientes pueden optar por comprar directamente la biocomputadora CL1 o utilizarla de forma remota a través de tecnología en la nube.
A diferencia de las computadoras tradicionales, el CL1 tiene el potencial de aprender y adaptarse a tareas. Investigaciones previas han demostrado que los sistemas neuronales pueden ser entrenados para realizar funciones básicas, como juegos electrónicos simples. Los resultados de Cortical Labs muestran que integrar elementos biológicos en sistemas computacionales puede mejorar la eficiencia en tareas que son difíciles para la inteligencia artificial tradicional, como el reconocimiento de patrones y la capacidad de tomar decisiones en entornos impredecibles.
Antes del desarrollo de CL1, Cortical Labs lanzó un prototipo llamado DishBrain, un sistema compuesto por 800,000 neuronas cultivadas en laboratorio, entrenadas para jugar al ping-pong. La investigación muestra que estas neuronas son capaces de percibir y adaptarse a su entorno, exhibiendo una forma primitiva de capacidad de aprendizaje.
Investigadores introducen señales en un plato de cultivo mediante electricidad, permitiendo que las neuronas reconozcan la posición de una paleta y una bola virtuales, y utilizando impulsos eléctricos para retroalimentar y enseñar a las neuronas cómo jugar esos juegos. Este estudio demuestra que las redes neuronales biológicas aprenden y se adaptan a entornos complejos más rápido que la IA tradicional.
Cortical Labs anuncia que los primeros ordenadores CL1 comenzarán a enviarse en los próximos meses, con un precio estimado de alrededor de 35,000 dólares estadounidenses (aproximadamente 273,000 dólares de Hong Kong). Esta tecnología podría ofrecer ventajas en términos de eficiencia de aprendizaje y consumo de energía para el progreso de la IA, ya que la adaptabilidad de las neuronas podría mejorar las capacidades de la robótica, la automatización y el análisis de datos complejos.
Sin embargo, la escalabilidad de esta tecnología sigue siendo cuestionable. La complejidad de producir y mantener sistemas neuronales es evidentemente mayor que la de los procesadores tradicionales, y asegurar la estabilidad a largo plazo del sistema también enfrenta numerosos desafíos.
El uso de células del cerebro humano para la innovación tecnológica ha suscitado numerosas cuestiones éticas. Aunque las neuronas utilizadas por CL1 son cultivadas en laboratorio y no tienen consciencia, será necesario establecer directrices para abordar los problemas morales y de regulación a medida que la tecnología avance. La perspectiva de combinar células vivas con hardware de computación también ha provocado un profundo debate sobre los límites de la inteligencia artificial y la cognición similar a la humana.
Los científicos esperan utilizar esta bio-computadora para comprender más a fondo cómo los neuronas procesan información, y aplicar esto en áreas como el desarrollo de medicamentos y la investigación de enfermedades neurodegenerativas.



